Si creyese en la reencarnación y en las vidas anteriores podría justificar la extraña morriña que siento por Dublín...a tan sólo unos días de una visita de cinco diítas de nada. No se, el clima, los bubs, la ciudad plateada bajo la lluvia, las montañas de
Wicklow, el Irish Stew... el caso es que vengo hechizada.

Mirad los reclinatorios de la iglesia de San Patricio: hechos en petit point, cada uno el suyo...¡Y nadie se los lleva! ( Os imaginais aquí lo que durarían? )

¿Y qué me decis de un lomito asado o un magnífico Ginnes Beef Stew, un estofado en el que podías clavar la cuchara?
Los postres, sin duda, en la Queen of Tarts ( Corck Hill Dame, nº 4, enfrente del Dublin Castle ), una pequeña cafetería con unoas tartas y unos muffins y un de todo para chuparse los dedos y alegrarse el espíritu ( si eres de las que, como yo, les va el ambiente demodé )

Mirad qué Carrot Cake...¿y qué me decís del servicio de té?


Y para bajar todo esto, nada mejor que un paseo por las cercanas colinas de Wicklow, frescas y brillantes en verde y violeta...un lugar incomparable. Aquí podeis ver el llamado Lago de Guinnes: es evidente porqué.

Si sois más urbanitas, mañana iremos de tiendas.